Un
complejo turístico es un entorno diseñado específicamente para
satisfacer las necesidades y expectativas del cliente en todo momento y poniendo a su disposición una
amplia gama de servicios turísticos tales como alojamiento, restauración, actividades deportivas y de ocio en general. Todo un abanico de posibilidades que harán de su
estancia en nuestra región un
recuerdo inolvidable.
La
urbanización turística hace referencia a los
procesos por los cuales se han desarrollado áreas urbanas con la finalidad fundamental de
producir, vender y consumir servicios y bienes que producen placer a
residentes temporales. Simbólicamente estos espacios suelen ser considerados extraordinarios por parte de sus usuarios. La constitución de estos espacios ha proporcionado la oportunidad de generar
ingresos a través de la urbanización turística. En un contexto de producción industrial, de crecimiento de rentas y de mejora técnica, el convencimiento de la necesidad de hacer vacaciones son los motivos que provocan la
multiplicación de
centros turísticos de playa en todos los espacios bañados por el sol situados en la periferia de las principales concentraciones urbanas e industriales del mundo.

En
Europa, este fenómeno conduce a la aparición de
numerosos centros turísticos alrededor del Mediterráneo o a su
revitalización como tales. Éste es el caso de
Francia, España, Italia, y más tarde,
Grecia, la antigua
Yugoslavia, el norte de
África y
Turquía. Múltiples ejemplos de todo el mundo demuestran que la funcionalización turística del espacio ha tenido como consecuencia más relevante la
creación de estructuras urbanas y
regionales de características singulares que no son otra cosa que la
expresión específica, al nivel de las formas espaciales, del modo de
producción de una sociedad de tiempos divididos como es la contemporánea (véase por ejemplo, en esta línea, una interpretación de los efectos del actual proceso de cambio de la dinámica turística en la propia configuración del espacio turístico para el caso de la Costa Brava en Donaire, Fraguell y Mundet, 1995).

Su generalización a través del turismo ocasiona la
transformación del suelo en mercancía, la aparición de
nuevos usos en el espacio, la
adaptación de las estructuras territoriales preexistentes a nuevas y diferentes funciones y la
transformación de la
base productiva local y regional. Implica, por lo tanto, la creación de un espacio particular que se puede denominar
«espacio de destinoturístico» y, por la propia naturaleza receptiva de la actividad, la
configuración de estructuras urbanas que, funcionalmente y morfológicamente, pueden considerarse
singulares. Implica, en definitiva, la configuración de un espacio-territorio que es objeto de transformación y la creación de un
espacio-red que es resultado de las necesidades y condiciones productivas, fuera del propio espacio de destino, del sistema productivo localizado en el espacio-territorio.

Complejos TuristicosLa forma que adopta el
espacio turístico es resultado de la
interacción entre los agentes que intervienen en su producción. Los
propietarios, los
promotores urbanos y los
empresarios turísticos forman el conjunto productivo del espacio de
destino turístico. Los
consumidores directos y los
intermediarios de consumo completan, junto con la
Administración —en sus diferentes niveles— el sistema de elementos que intervienen en su definición y en su atribución
de valor.
Se puede definir la
urbanización turística contemporánea como una
forma singular de urbanización que tiene los siguientes elementos distintivos:
— es espacialmente
diferente porque es socialmente diferente;
— es simbólicamente
distintiva, con símbolos urbanos que actúan como cebos para los turistas;
— se distingue por un
rápido crecimiento de la población y de la fuerza de trabajo;
— se distingue por un
sistema de producción flexible que es consecuencia del postfordismo;
— se distingue por una intervención pública que es de
carácter incentivador;
— se distingue por
formas de consumo de ocio de masas y segmentadas, y
— se distingue por una
población residente socialmente distintiva, ya que la urbanización es socialmente diferente.

La
urbanización turística tiende a responder a una
práctica urbana singular, funcionalmente y estructuralmente diferenciada de la de la ciudad convencional. Así, en los espacios de destino turístico,
el suelo, en tanto que mercancía, se ha usado o consumido de
manera directa —cuando se ha ocupado para la instalación de infraestructuras— o de
manera indirecta —cuando se ha utilizado como
reclamo externo de la propia infraestructura turística— con la finalidad de configurar un imaginario específico.
La
suposición —errónea— que la
urbanización turística es un fenómeno análogo al del resto de ciudades y la no diferenciación, fundamental por otra parte, entre la ciudad convencional, destinada —hasta hace poco tiempo— exclusivamente a la residencia, la producción y la distribución, y la ciudad turística, destinada al consumo de bienes superfluos, ha generado infinidad de malentendidos a nivel académico y técnico y en las esferas de planificación y gestión territorial y ha retrasado considerablemente su estudio diferenciado y el desarrollo de conceptos e instrumentos específicos para ella.

Se puede entender que
una de las razones fundamentales de la falta de distinción reside en el hecho que la urbanización turística ha tendido a derivar, en muchos casos, hacia una única
opción económica como es la de extraer rentas urbanas del suelo. Éste es, de hecho, el
paradigma explicativo de buena parte del urbanismo turístico español hasta épocas recientes. De esta manera, se han operado
dinámicas irreversibles de creación de suelo urbano que se sitúan en el intermedio entre la creación de espacios de uso temporal y la creación de zonas residenciales urbanas.
Las
ciudades turísticas deben tener presente que
el turista ha aprendido a escoger. Tiene donde escoger no sólo ya en relación con uno u
otro espacio turístico, sino en relación con qué tipo de experiencia y, por tanto, en relación con qué tipo de espacio.