Que un Pazo como el de
A Touza,
uno de los más singulares y grandiosos de la arquitectura gallega, se haya transmutado para ofrecer aposento, no podemos interpretarlo más que como una ofrenda.
En 1.999, finalizada la obra civil que recuperó este fastuoso edificio, Lepina lo visitó con objetos maravillosos y descubrió el prodigio que se esconde tras el portalón y el escudo, figuras humanas y cabezas de león que protegen la finca.
Atravesar la entrada de la muralla que rodea el Pazo A Touza no deja a nadie impasible.
Impresiona la vista de este Pazo pétreo, levantado en el siglo XVI y reformado con aires barrocos en el XVIII.
No menos llamativo resulta su jardín, con setos primorosamente recortados, palmeras y otros árboles frutales. De la construcción de granito destaca la torre almenada que preside la finca y la balaustrada de la entrada del inmueble y, una vez en recepción, tampoco pasa desapercibido un gran sello, tallado en una enorme pieza de madera.
En cuanto a lo estético, el Pazo A Touza se impregna de un aire histórico y aristocrático, y en esa línea se ha concebido la decoración de corte eminentemente clásico y con mobiliario antiguo.
En las habitaciones se disfruta de vistas al jardín y en los pasillos y salones encontramos los típicos y románticos parladoiros que trasladan al huésped a otra época. Cuenta con 9 habitaciones dobles de las cuales una es especial. Todas cuentan con baño completo y teléfono. 5 son con cama de matrimonio y 3 de camas gemelas.
Se agradece el interés por dar calidez en el invierno, encendiendo a media tarde la chimenea del salón principal. El Pazo dispone de dos lujosos salones para reuniones, bar, comedor, salón con televisión común, biblioteca y capilla/oratorio. Instalación fija en los jardines para 300 personas con calefacción.
En los alrededores, diferentes empresas ofrecen servicios de actividades como paseos en barco, catamarán, deportes de aventura o rutas turísicas.
Bienvenidos a Pazo da Touza, su sueño existe.