Desde finales del siglo XIII las fachadas de las casas de las principales ciudades hispanomusulmanas comenzaron a animarse con la construcción de ventanas y balcones volados, de madera, cerrados por espesas celosías, en los que las mujeres podían estar al aire libre en una agradable penumbra y, contemplar la calle sin ser vistas.
Esos voladizos llamáronse por los castellanos «ajimeces», palabra derivada de la árabe al-simasa (la ventana), que a su vez proviene de la del mismo origen al-sams (el sol). La romanceada ajimez aparece en la literatura castellana desde el siglo XIV.
La Casona del Ajimez es una casa edificada entre los siglos XVI y XVII que perteneció al canónigo de Albarracín. Desde entonces, siempre ha estado ligada a la catedral.
La Casona del Ajimez se emplaza en el barrio noble de San Juan, junto a la casa de los Cavero, propietarios del castillo, y justo debajo de la alcazaba.
En épocas mas recientes perteneció al secretario del gobernador civil de Zaragoza, cuyos descendientes la vendieron al actual propietario, un restaurador del pueblo que también regenta un humilde y digno restaurante de paso a la entrada del pueblo.
Las estancias, espaciosas y correctas en equipamiento, han sido decoradas con mimo. Todas ellas diferentes, exhiben las vigas de madera a la vista en los techos y una de ellas dispone de dosel.
En el salón de estar de La Casona del Ajimez se puede disfrutar de la lectura, tomar café o degustar una cuidada cocina. En el comedor puede degustar cada día un sabroso desayuno.
El amplio jardín está a los pies del antiguo castillo árabe con vistas sobre la catedral.
La casa se encuentra llena de detalles antiguos, como brújulas, plumas, baúles...
Sobre la escribanía de esta habitación figura, además, un diccionario latino-español de 1859, un cofre, un tintero de bronce, una menorá judía y tres viejas plumas de escolar.